sábado, 5 de febrero de 2011

P'aquí y p'allá.

Brussels Midi me sigue pareciendo horriblemente desorientador. Pero se termina encontrando uno. Y lo de no pagar el metro me sigue enervando, pero de verdad pienso que los revisores no existen, son los padres. El parque del cincuentenario es precioso, y las atracciones turísticas de todas las veces, igual de bruselenses. Porque debería considerarse un calificativo aparte. A mí me sigue encantando.

Mierda, se nos ha olvidado comer. Mierda, se nos ha olvidado cenar. Nada que no arreglen un par de Westmalles triples. Ahora entiendo por qué me volvieron tan loca y terminé puteando camareros. Y etcéteras nocturnos. Colofón final tradicional al sabor de Joppiesaus.






La resaca es mala compañera de viaje, pero allí se vino con nosotros, a la misteriosa Louvain-la-Neuve. Por fin nos conocemos. No es tan fea como quería pensar, pero es prefabricada y no parece Bélgica. Leuven gana. Mucho Hergé, y mucha persona queriendo hablar español. Inclusive un tipiquísimo "bueeenaaas" de tasca española. Qué risa. Mais ce pour la.

Después vino el día de los tres países. Desayunamos -más o menos- en Leuven (Bélgica), comimos en Maastricht (Holanda) y cenamos en Aaschen (Alemania). Hay que tomar más decisiones repentinas. Maastricht (o Mastrique) supo a poco, así que introdujimos Aaschen en nuestro planning. Pre-cio-sa. Y no es un pueblo como yo pensaba (verificado después por Wikipedia). Comimos salchichas y bebimos cerveza, a modo de práctica para mi próximo viaje (Berlín is coming).




Last destination: Amberes. Para terminar. Turismo alternativo. Tunel retro hacia el otro lado del río. Jirafas que no existen. Chinatown, y barrio judío.


Y todos estos días aliñaos de risas, fotos rápidas, anécdotas y "achos". It was a pleasure!

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Aunque suene a niñería, a momento de ahora me da pereza volver a viajar. Pero cuando pise Berlín se me quita el cuento. Nächste Halt: Berlin.

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